Si me separo, ¿quién se queda con la custodia de mi mascota?

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A pesar de que, en la mayoría de los casos, las mascotas son consideradas como un miembro más de la familia, no ha sido hasta hace poco cuando están cogiendo cada vez más importancia y protección apartando el ser consideradas como un “mueble” más, a efectos del Derecho.

Y es que a pesar de que, hoy en día, es cada vez más común el que parejas tomen la decisión de adoptar un perro o un gato (siendo estos las mascotas más comunes)…¿qué ocurre con las mismas cuando se toma la decisión de separarse?.

Normalmente, cuando existen hijos menores de por medio, tanto lo jurisprudencialmente como moralmente aceptado es que sea a estos a quien se les atribuya la custodia de la misma, puesto que su interés siempre debe ser el más protegido, y no tienen por qué soportar no solo los cambios que supone la ruptura de una pareja sino también el que se les separe de su mascota, con la que normalmente siempre suelen crear lazos familiares muy fuertes.

Pero, sin haber hijos menores dentro de la pareja, la situación cambia, y deberemos atenernos a diversos factores para ver factible el poder solicitar algún tipo de custodia sobre esa mascota.

Actualmente, y pese a que cada vez más se intente que esto cambie, las mascotas son consideradas bienes muebles, y por lo tanto, dependiendo del régimen económico de la pareja habrá que conocer de antemano cuestiones como quien adquirió la mascota o quien aparece como titular de la misma en el chip, entre otras.

Si la pareja está en separación de bienes o incluso no está casada, la propiedad será de dicha persona que adquirió la mascota, y solo nos quedará recurrir a algún tipo de custodia sobre la misma.

Para muestra, tenemos la famosa Sentencia dictada por el Juzgado de Primera Instancia Nº 2 de Badajoz del 7 de octubre de 2010 en la que se falló otorgando la custodia compartida de un perro por periodos de 6 meses entre una pareja no casada que nos dice (entre otras cosas, como la referencia a una antigua leyenda de indios norteamericanos donde se aclama a la figura del perro):

En el mundo de las nuevas tecnologías, en la red de redes, en Internet, el buscador Google para la palabra «perro», da más de veinte millones de resultados. Y en ese océano de páginas, encontramos comentarios como el siguiente: «yo sinceramente no podría vivir el día a día sin mis perros, son unas de las principales cosas primordiales en mi vida que me hacen feliz y olvidarme de mis problemas junto a ellos, ya que me dan la alegría y la felicidad que ninguna otra persona o animal me puede transmitir». O como este otro: «quiero más a mi perro que a nadie, así suene tonto, lo quiero así porque para mí es fiel, amoroso, leal, mi compañero, mi motivo de sonreír, mi motivo de levantarme de buen humor todos los días y la razón por la que vivo».. Estas líneas acerca del perro vienen a cuento para confirmar que el objeto del presente procedimiento sí es acreedor de la tutela jurisdiccional en los términos del artículo 5 de la Ley de Enjuiciamiento Civil.

Si la pareja está en bienes gananciales, al estar considerados actualmente las mascotas como bienes muebles, no tendrán titularidad como tal puesto que a pesar de que lo adquiera uno u otro, será siempre considerado de ambos.

Por lo que, si una de las partes se niega a acordar cualquier tipo de custodia al respecto, podremos obligar a que un Juez dictamine sobre la misma (ya sea solicitando una custodia compartida o que se otorgue al más capacitado de ambos).

Y es que, actualmente y de siempre, el separar a una parte u otra de su mascota puede suponer hasta algo traumatico y dañino para la parte que lo sufre y, por lo tanto, debería evitarse todo lo posible para no hacer de algo como es una separación, aún más perjudicial para ambos.

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